En la región de Souss Massa su magia atrapa a cada paso, en cada mirada, en cada aliento, ya bien sea por su milenaria cultura, su rica gastronomía o quizás por el poder que tiene para transportarte al pasado, únicamente paseando por las cientos de recursos humanos y medioambientales de los que es poseedor.

Antes que marroquí, la ciudad costera de Agadir, capital de región Souss Massa, fue portuguesa, saadita y francesa. Se encuentra a unos 600 km. al sur de la capital Rabat y a unos 440 km. al sur de Casablanca, ciudades en las que muy probablemente el viajero que vuele desde la península ibérica tendrá que hacer escala para llegar a su destino en el aeropuerto de Almassira.

Es una animada ciudad atlántica situada en el golfo del mismo nombre, donde la cordillera del Atlas llega al mar, junto a la desembocadura del río Souss. Está muy bien comunicada con Marraquech, Casablanca, Rabat y Tánger, por la nueva autopista de peaje.

LA REGIÓN DE SOUSS-MASSA
Enclavada entre el desierto del Sáhara y las montañas del Atlas, la región de Souss-Massa posee unos paisajes únicos en el mundo, por sus estuarios, sus bosques de argán y sus acantilados. Afortunadamente, su rico patrimonio natural está protegido. Incluye el Parque Nacional Souss-Massa, la Reserva de la Biosfera de los Bosques de Argán y la Reserva Biológica de Cap Ghir, reconocida como tal por albergar una rica muestra de vegetación de la Macaronesia (los cinco archipiélagos cercanos al continente africano). Además conserva restos geológicos y paleontológicos del período cuaternario, de valor incalculable.

Souss-Massa se sitúa en una llanura ancha y fértil, atravesada por dos valles formados por los ríos Souss y Massa, que recogen el agua de las cordilleras cercanas.

En Agadir, las precipitaciones alcanzan los 250 mm./año, lluvias que se concentran entre noviembre y marzo. Disfruta de 340 días de sol/año, aunque la bruma mañanera provoca temperaturas más bajas al amanecer. Unas temperaturas bastante estables por la influencia del mar. Promedia 14-16º en enero y 19-22º en julio. Eso sí, si sopla mucho viento del este, el termómetro puede superar los 40º.

La región posee una enorme riqueza cultural. La música Ahwach y la danza bereber son reconocidas en todo el mundo. El Festival Timitar, que se celebra cada año en julio, supone el mejor momento para disfrutar del folklore agadireño más tradicional. Tampoco podemos olvidar las muestras de caballos, la Ruta de la Miel o sus animados mercados.

Rutas cicloturistas permiten descubrir la región pausadamente.

La fauna está entre las típicas del Sáhara y del Mediterráneo: camellos, ovejas, cabras, gatos salvajes, chacales y, sobre todo, una gran variedad de aves, anfibios y reptiles. Algunas especies están en severo peligro de extinción, como los antílopes, órices o gacelas. Los mejores sitios para el avistamiento de aves (350 especies diferentes) son Tamri, Cap Ghir, el estuario de Oued Souss, Oued Massa y los bosques de argán de Taroudant.
El agua que baña la costa tiene un gran valor ecológico por la influencia de la corriente fría de Canarias. Su gran cantidad de nutrientes provoca la presencia de una amplia variedad de peces, cefalópodos, crustáceos, atunes, delfines y hasta ballenas.

La tierra tiene un gran valor botánico y medioambiental, puesto que está en la frontera entre dos importantes regiones bioclimáticas: la del Sáhara y la Mediterránea. Esto favorece la presencia de especies de ambos climas, algunas de las cuales se han tenido que adaptar con el paso del tiempo. Existen unas cincuenta plantas endémicas, pero la más conocida es el árbol de argán (Argania spinosa), que crea un sistema agrícola parecido a la dehesa española. Su conservación ha hecho que sea Patrimonio Mundial de la UNESCO. El aceite que se obtiene de su fruto tiene propiedades curativas, y también tiene uso culinario.

También es una zona muy apreciada por los expertos en geología, por su riqueza y diversidad. La metamorfosis, erosión, transporte y depósito de sedimentos están bien representados en la región, debido sobre todo a la diferencia de temperatura entre las frías noches y los asfixiantes días. Como testigos permanecen los milenarios fósiles.
Esta región es un sitio perfecto para observar el cielo nocturno. La falta de contaminación ambiental y lumínica hace que la zona constituya un planetario natural. Los mejores sitios son el Anti-Atlas, alrededor de Tafraout, una zona muy deshabitada, y el semi-desierto que rodea Tiznit.

IMPRESCINDIBLES

  • La última llamada a la oración del imam durante el crepúsculo, en los muros de la medina de Taroudant.
  • Un día para aprender surf en aguas atlánticas, en las ciudades costeras de Taghazout o Sidi Ifni.
  • Un paseo relajante en la playa de Legsira, por la tarde, contemplando cómo el sol es engullido por el océano Atlántico.
  • La contemplación de la Vía Láctea, de noche, desde los jardines de una de las kasbahs que se pueden encontrar en las estribaciones del Alto Atlas y en las montañas del Anti-Atlas.
  • Tomar cualquier callejuela que salga de la plaza Al Alayouine en la ciudad de Agadir y disfrutar de uno de los zocos más ricos y vitales de Marruecos. Antigüedades, esculturas, alfombras, cuero trabajado de todas las formas posibles y en los más diversos objetos, fusiles con incrustaciones de plata y por supuesto joyería.
  • Visitar, sobre el puerto de Agadir, la antigua Kasbah Agadir Oufella, al noroeste, un sitio fascinante que domina el Océano Atlántico y la ciudad, situada a 5 km del centro, en un promontorio de 230 metros de altitud, por lo que ofrece unas bonitas vistas desde sus las murallas.
  • La comida callejera en el zoco o en el puerto de Agadir: pan con almendras, aceite de argán, dátiles, miel, azafrán, etc.
  • Un paseo por la garganta de Imenzour, desde el comienzo del Alto Atlas hacia el océano Atlántico. Un paseo en bici BTT, al amanecer, en Tafraout, con parada obligatoria en las rocas azules.
  • La búsqueda del último ibis calvo del norte, en compañía de un guía del parque nacional Souss-Massa, en el estuario de Oued Massa.
  • La visita a una cooperativa de argán, para poder apreciar los diferentes aromas elaborados con la semilla de este árbol curativo.

EL ARGÁN

El argán, es una especie de árbol endémico de los semidesiertos calcáreos del suroeste de Marruecos muy importante para las comunidades locales ya que, en gran medida, su economía depende de la producción de aceite de este maravilloso árbol y que venden para elaborar productos cosméticos de altísima calidad.
Su imagen más emblemática es muy curiosa ya que en vez de tener pájaros en sus ramas, es habitual verlos cubiertos de cabras. De este modo entre el árbol y el animal se establece una extraña simbiosis. Los cuidadores de las cabras enseñan a estos animales a trepar a las ramas, que son podadas de tal manera que faciliten su ascenso. El secreto es que las cabras ingieren las semillas y acaban regurgitándolas contribuyendo con ello a la dispersión de esta planta de forma totalmente natural.
El pueblo berebere lleva siglos utilizando el aceite de argán, originario de Marruecos, como alimento, producto cosmético y medicamento; aunque durante la última década este producto se ha convertido en un importante negocio en la industria cosmética internacional.
Si se gestiona de forma correcta y ética, este auge podría proporcionar una excelente fuente de ingresos sostenible a las comunidades locales.
Antes de que las cabras comiencen a pastar, las mujeres de la cooperativa recogen las valiosas nueces de argán, transportan las semillas a un edificio comunitario refrigerado y comienzan a procesarlas para su transformación en aceite. Las 42 mujeres que trabajan actualmente en Ifrawnlhna preparan una media de 1 kg de semillas de argán peladas cada día; para ello, retiran la capa exterior y rompen la cáscara interior.
A continuación, las semillas se transportan a la ciudad de Agadir, donde se trituran para obtener el valioso líquido ámbar. Se precisan unos 2,3 kg de semillas de argán para producir un litro de aceite. Para garantizar que todo el fruto se aprovecha, la masa resultante del prensado (un subproducto del proceso) se vende localmente como artículo cosmético, mientras que la nutritiva pulpa se utiliza para alimentar a los animales del pueblo, y las cáscaras, como combustible.

DESTINO PRIVILEGIADO DE OBSERVACIÓN DE AVES Y CETÁCEOS

En la región se han citado más de 350 especies de aves diferentes, entre ellas destacan algunas especies muy extrañas de observar como son el ibis eremita (en peligro de extinción y que tiene en Marruecos uno de las mayores colonias), la chagra de Senegal, el colirrojo diademado y la cerceta pardilla entre otras.
En cuanto a los cetáceos en el sector norte de la región, Cabo Ghir y costa del Parque Nacional de Souss Massa, existe una colonia, prácticamente estable de orcas, observable desde tierra con cierta facilidad. Además de colonias estables de delfines mulares, de marsopas, calderón gris y delfines comunes del atlántico. Y durante el periodo invernal se observan grandes grupos de delfines listado, delfín moteado y calderón pigmeo, entre otros. En la zona, además, se observan con frecuencia al menos tres especies de tortugas marinas, tortuga verde y las tortugas laúd y boba que pueden llegar a nidificar en las playas arenosas próximas a Sous Massa.

ALREDEDORES DE AGADIR SOUSSMASSA
Es recomendable viajar con el tiempo suficiente para recorrer toda la región que rodea Agadir. Las enormes playas de Taghazout están a 23 km. al norte de la capital. Son unos sitios perfectos para bucear con botella, montar a caballo sobre la arena y practicar surf, kite surf o parapente. Desde la costa, nos adentramos hasta Imouzzer Ida Ou Tanane, a unos 50 km. al noreste. Aquí podremos visitar la cueva de Win Timdouine, una de las más grandes de África, y el colmenar Inzerki, uno de los más antiguos del mundo. También podemos practicar el descenso de cañones.

Cascadas en Imouzzer Ida Outanane.

Seguimos hacia el interior del país hasta Taroudant, a unos 95 km. En el trayecto admiraremos enormes bosques de argán, que constituyen una Reserva de la Biosfera. Imposible irse sin visitar sus zocos y su impresionante medina. A unos 170 km. en dirección sureste se encuentra Tata, una especie de oasis, famoso por sus coloridos artesonados de madera y por su cerámica. Patrimonio vivo.

Seguimos nuestro periplo, ahora en terreno semidesértico en dirección sureste, y a 60 km. llegamos a Akka, otro oasis. Imprescindibles: la mezquita Aït Rahal (siglo XII), los petroglifos y pinturas rupestres de Oum El Aleg, muy bien conservados pese a contar con más de 6.000 años de antigüedad, y Agadir Ouzrou, una preciosa fortaleza (siglo XII) de adobe elevada sobre una enorme roca. Para disfrutar la experiencia de vivir el desierto, nada como llegar hasta Akka N’Ait Sidi. Una velada bajo las estrellas, junto a una hoguera y escuchando la embaucadora música local es algo inolvidable.

Continuamos unos 160 km. en dirección noroeste, atravesando las vistosas ga gantas de Aït Mansour hasta llegar a Tafraoute. Allí las rocas están coloreadas, formando vistosos paisajes. También disfrutaremos del paradisíaco valle Ameln y degustaremos el delicioso pan con almendras recién horneado y nos deleitaremos con té a la menta y dátiles.

Tomamos dirección a la costa, y en unos 100 km. llegamos a Tiznit, una ciudad rodeada por una muralla de adobe. Sus alojamientos son verdaderos remansos de paz. Otros 130 km. en dirección noreste y nos encontraremos con Tizourgane, una impresionante ciudadela del siglo XIII, construida en piedra y situada sobre un atalaya. Un verdadero viaje al pasado. Muy cerca podremos visitar el siempre concurrido mercado de Ida Ougnidif.

Desde aquí, ponemos rumbo al parque nacional de Souss Massa, que requiere una visita muy concienzuda dada su biodiversidad sorprendente plagada de endemismos y finalizaremos nuestro viaje en Agadir, que en bereber significa pueblo fortificado. Donde seguiremos impregnándonos de la cultura, la aventura y la naturaleza que preserva la región de Souss Massa.

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