Galicia es roca, agua y bosque. Es una tierra agreste pero generosa que rebosa de vida natural. Su clima húmedo favorece el desarrollo de una variada flora que crece formando densos bosques salpicados de verdes pastos que han atraído a infinitas civilizaciones. El río Miño rasga esta Comunidad dividiéndola en dos mitades y acaba desembocando plácidamente en el océano Atlántico mientras acaricia tierras portuguesas.

El Miño es el río más largo y más caudaloso de Galicia y recorre sus tierras dividiéndolas en dos mitades desde su nacimiento en el Noreste en la Sierra de Meira en la provincia de Lugo, hasta su desembocadura, 315 kilómetros más adelante, en el océano Atlántico al suroeste de la provincia de Pontevedra. Su cauce ancho y profundo es debido a que durante todo su recorrido se encuentra naturalmente encajado entre montes que le impiden expandirse. Si bien su curso alto fue declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO, sus plácidos últimos 76 kilómetros separan España de Portugal permitiéndonos visitar poblaciones de ambos países a orillas de sus dos márgenes. Es este último tramo, el perteneciente a las Rías Baixas, en la provincia de Pontevedra, es el que recorreremos en este paseo.

Puente románico de San Xoán de Mourentán, Arbó.

Arbo
Arbo es un pequeño municipio regado por tres ríos que lo atraviesan, el Deva, el Cea y por supuesto, el Miño. Este detalle le confiere un microclima propicio para el cultivo de la vid haciendo de este recoleto lugar un excelente productor de Albariño (DOP Rías Baixas). Una de las exquisiteces con las que maridar sus buenos caldos, es la lamprea. Se trata de un pez que ya capturaban los romanos para servírselas a los emperadores por medio de las “pesqueiras”: un patrimonio arquitectónico y etnográfico únicos y que se siguen utilizando para pescar estos escurridizos peces de una forma ancestral, artesanal, sostenible y respetuosa con el medio ambiente. En Arbo también podemos visitar “Arabo” el Centro de Interpretación del Vino y la Lamprea que es un auténtico museo etnográfico. Todos los años, en abril, se celebra la Fiesta de la Lamprea, declarada de Interés Turístico desde 2016 y que atrae a multitud de turistas para degustar este manjar preparado de mil y una formas. En los alrededores podemos acercarnos a ver la fortaleza medieval de Fornelos que data de 1.158 de la que solo queda en pie la torre del homenaje o ascender al mirador del Alto de Guillate en Crecente desde donde se divisa una increíble panorámica de los meandros del río Miño.

As Neves
En su lento discurrir, el Miño nos acerca a la siguiente parada. En esta ocasión visitamos As Neves, un pequeño municipio asomado a las orillas del río. Desde este pequeño pueblo se pueden visitar bellos lugares como la ruta de Os Pescadores que arranca desde la playa fluvial de Santa Mariña. Esta ruta ancestral es la que utilizaban los pescadores para acceder a las “pesqueiras” para capturar la lamprea. En el lugar donde se inicia la ruta se encuentra la pequeña ermita dedicada a Santa Mariña. En esta ruta se accede a varios miradores sobre el Miño para admirar sus tranquilas aguas que aportan sosiego a nuestras mentes. Pero sin duda, lo que distingue a As Neves es la romería de Santa Marta de Ribarteme. El 29 de julio se celebra esta curiosa y antiquísima romería en la que los vivos agradecen a Santa Marta (hermana de Lázaro) patrona de los desahuciados, no haber muerto. Los “ofrecidos” que se han librado de una muerte casi segura, para dar gracias, procesionan al ritmo de los responsos y del tañer de campanas, metidos en ataúdes alrededor del santuario. No menos curioso es cómo se protegen del sol estos nomuertos, tapándose la cara con pañuelos, abanicos o ¡incluso paraguas!

Salvaterra de Miño
Al llegar a Salvaterra de Miño nos reciben las orgullosas murallas de su castillo cuyos orígenes se remontan a los siglos X y XI. Esta localidad tiene una larga historia de batallas y enfrentamientos entre los nobles y reyes (desde este lugar Doña Urraca dirigió el ataque contra su hermana Teresa de León) así como con el reino de Portugal que llegó a ocuparla durante 16 años, por medio de una traición, a mediados del siglo XVII. En su interior se encuentran la Casa del Conde, el Pazo de Doña Urraca y la capilla de la Virgen de la Oliva, así como las llamadas Cuevas de Doña Urraca con sus grandes bóvedas y su escalera de caracol. Continuando camino y tras visitar los bellos jardines de A Canuda se llega al puente medieval de Fillaboa que cruza el río Tea justo antes de desembocar en el Miño creando una de las mayores islas fluviales de nuestro país. De origen romano, el puente que sufrió varias modificaciones en los siglos XV y XVII está rodeado de frondosa vegetación. Es un lugar poco transitado lo que contribuye a que conserve un gran encanto y una magia especial.

Vistas de la Catedral y el río. Tui.

Tui
Colgada en un pequeño promontorio se divisa la Catedral de Santa María de Tui y a sus pies se desparrama esta ciudad repleta de historia que junto con Valença do Minho en Portugal forman desde 2012 una eurociudad. Esta zona fue habitada desde tiempos prehistóricos como demuestran yacimientos datados en el Paleolítico inferior. Las inmejorables condiciones naturales y su fértil valle propiciaron asentamientos continuos de todas las civilizaciones que fueron dejando su impronta. La romanización permitió ocupar las tierras bajas facilitando el comercio gracias a las aguas del río y en el siglo VI fue sede episcopal empezando a adquirir una gran riqueza y relevancia. Fue atacada por los árabes, los normandos y a partir del siglo XII, cuando el reino de Portugal se independiza del antiguo reino de Galicia, trajo consigo innumerables batallas fronterizas fortificándose y cambiando su fisionomía. Visita obligada tiene su catedral, una de las más importantes de Galicia. Del siglo XII, con fuertes muros fortificados, su estilo inicial es el románico con reformas y añadidos de estil gótico. El convento y el túnel de las Clarisas, la iglesia de San Francisco con su biblioteca pública y un agradable recorrido por el Paseo de la Corredera rodeado de importantes edificios nobles construidos en piedra completarán este acercamiento a esta histórica ciudad. A la hora de comer es típica de Tui la angula del Miño que se pesca en esta zona hasta su desembocadura. Además, coincidiendo con las fiestas de San Telmo, se celebra la fiesta de la angula que atrae a gran cantidad de visitantes que no se quieren perder el bullicio y la oportunidad de degustar este manjar.

Castro Santa Trega, A Guarda.

A Guarda
Tras dejar atrás Tomiño con su magnífica fortaleza de Goián y la torre de Tebra, testigos de los enfrentamientos fronterizos y los petroglifos del monte Tetón y tras visitar O Rosal donde los amantes del senderismo disfrutarán con la ruta de los molinos de O Folón y O Picón en la que nos admiran sus 60 molinos construidos en cascada para aprovechar la fuerza del agua, nos despedimos el río Miño en su desembocadura. Edificada entre las aguas dulces del río Miño y las saladas del océano Atlántico se encuentra la ciudad de A Guarda. Situada en un lugar privilegiado tanto por sus recursos naturales como por su emplazamiento estratégico, A Guarda ha sido habitada desde hace más de 10.000 años y codiciada por todos. Muchas de estas culturas han dejado vestigios y unos de los más importantes son los castros en los montes cercanos. El más representativo es el Castro situado en su
montaña mágica de Santa Trega. La subida a este monte nos desvela dos atractivos; por un lado, el mítico castro: una auténtica ciudad del siglo IV a.C. rodeada de una muralla. El poblado está compuesto por un gran número de cabañas de piedra circulares con un vestíbulo de acceso. También se pueden ver los restos de los canales de agua, los aljibes y del trazado de las calles. Tampoco debemos dejar de visitar el museo que se encuentra en el yacimiento. El otro atractivo que nos muestra nuestra subida al monte son las impresionantes vistas que nos rodean: el final del río Miño que nos ha guiado durante nuestro recorrido y su estuario, las costas de nuestro país vecino, Portugal; los bosques siempre verdes que nos han acompañado y el infinito océano donde se sumergen, cada día, los últimos rayos de sol. Y es que el río Miño –como creyeron los romanos cuando lo descubrieron– es un río mágico.

PARA MÁS INFORMACIÓN: http://www.turismoriasbaixas.com