Alejados de la península, rodeados por el tranquilo mar Mediterráneo, destacan a sus anchas los cerdos de Felanitx, un idílico paraje donde pasar unos días de descanso contemplando los pastoriles paisajes, los monumentos más agrestes y disfrutando de una gastronomía bucólica.

Es en la zona del interior de Mallorca donde la cultura de la sobrasada de cerdo está extendida. Gatronomía perfecta y parajes culturales es lo que ofrece la Isla a los visitantes.

La sobrasada mallorquina es la protagonista de la gastronomía del lugar. Al pimentón, con función antioxidante, se le suma la carne magra del puerco, tocino, sal, especias y aromas naturales. Los cerdos son criados y alimentados a través de prácticas tradicionales. Los gorrinos que sus carnes magras forman la sobrasada se crían en las tierras de Felanitx y los pueblos de su entorno, entre vides, algarrobos, olivos, albaricoqueros y pinos. Llegó a la isla desde Sicilia a través del comercio marítimo y ya en el siglo XVI hay constancia de que este alimento estaba integrado en la dieta mallorquina, llegando hasta nuestros días como uno de los iconos en la gastronomía local, protegida con el sello de indicación geográfica.

Felanitx
En Felanitx prepondera la iglesia de San Miguel, construida en el siglo XIV. Su fachada renacentista, formada por una fastuosa escalinata y un gran rosetón, sirve de telón de fondo al mercado de cada domingo, donde se venden las alcaparras y cerámicas con motivos florales. También en esta plaza, nos detenemos en el edificio de la Casa de la Cultura y luego damos un paseo por los callejones medievales observando detalles urbanos posmodernistas.

La expansión de esta localidad balear fue resultado de las exportaciones en el siglo XX de vino, almendra, albaricoque y en especial, de la sobrasada. Fuera de la ciudad destacan las moles de dos iglesias en el montículo del Calvario y en el monte Sant Salvador, destinos desde los que se tiene una panorámica espectacular del levante y del sur de la isla. Podemos contemplar estupendos campos de almendros y mirar las copas de los algarrobos, olivos y pinos. Vides y albaricoqueros completan la piel rural de esta zona de Mallorca que trae vino bueno y estupendos frutos secos.

Gastronomía que traslada a grandes parajes.

La cultura gastronómica es el mayor bien de las islas y, además de la sobrasada, tienen otros platos exquisitos, entre ellos destacan: las sopes mallorquines, el tumbet , el pá amb oli, el escaldums, la coca, el trempó , los embutidos, el cochinillo y la ensaimada.

Santanyí
Se trata de un municipio situado al sur de la isla. Su núcleo urbano es un agradable entramado en el que destacan algunos monumentos como la Porta Murada, uno de los restos de la vieja muralla del siglo XIV.

Caminando entre las calles podremos acudir a algún restaurante y comernos un plato típico de la isla, como las lenguas de alcaparra o el menudillo de cordero. Otro sitio donde establecer una parada es el Molí de Santanyí (C/ Consolació, 19), se trata de un molino muy antiguo, reconstruido y hecho restaurante, allí lo más famoso son las gambas con sobrasada y los dátiles.

Además el tercer sábado de octubre se da La Feria de Santanyí, donde se puede establecer contacto con el carácter agrícola, artesanal e industrial de la comarca.

Campos
Un pueblo donde disfrutar y relajarse en un entorno rural en alguna de sus casas de agroturismo o de sus playas de agua turquesa. A pesar de no ser un lugar con pretensiones turísticas, en los últimos tiempos se ha despertado el interés de excursionistas. Esta ruta permite conocer de cerca el agroturismo y la producción artesanal. En lo que a gastronomía se refiere, allí se encuentra el restaurante Sa Canova, propiedad de la familia Alomar-Mascaró, que durante más de dos décadas llevan ofreciendo cocina de auto producción. En su carta contienen muchos platos que llevan la sobrasada típica de la isla. Si seguimos hablando de gastronomía no debemos olvidar que en octubre se da una feria muy interesante de visitar, allí se muestran numerosos platos típicos y se promociona la sobrasada, el aceite y las verduras, también muy característico de la zona.

Montuïri
Durante esta ruta seremos capaces de rememorar la historia del ser humano en Mallorca, desde la prehistoria hasta nuestros días.

Además de preocuparnos por los restos de nuestros antepasados, es necesario hacer una parada a comer, y que mejor que hacerlo en el Puig de Sant Miquel, un restaurante tradicional donde degustar algún plato mallorquín como el frit o el arròs brut y cabrit, una de sus especialidades.

Para los más golosos, esta zona tiene una de las mejores pastelerías del mundo, el Forn Can Salat, donde podemos probar la ensaimada.

Petra
La población se muestra pura al viajero, aquí es donde verdaderamente podemos contemplar la belleza de la propia personalidad de la isla, a través de sus parajes y gentes.

El casco antiguo de Petra fue declarado Bien de Interés Cultural, con sus casas seculares y sus cimentaciones (molinos y bodegas). En todo momento el excursionista se sentirá provocado a parar en alguna de sus encantadoras tiendas en las que se cuidan los productos y la imagen hasta el detalle. Miquel Oliver es un buen ejemplo, ya que 100 años de tradición vinícola avalan a estas bodegas con tienda.

También Vins Can Coleto, un excelente vino de producción ecológica, cuya bodega se puede visitar a petición previa; y Mel Son Frare, un establecimiento de la Agrupació de Defensa de l’Abella Autóctona Mallorquina, donde se puede adquirir miel natural ecológica.

PARA MÁS INFORMACIÓN: www.sobrasadamallorquina.com